lunes, 29 de abril de 2013

CASI OBSCENO



Si quisieras oír lo que me digo en la almohada
el rubor de tu rostro sería la recompensa
Son palabras tan íntimas como mi propia carne
que padece el dolor de tu implacable recuerdo

Te cuento ¿Sí? ¿No te vengarás un día? Me digo:
Besaría esa boca lentamente hasta volverla roja
Y en tu sexo el milagro de una mano que baja
en el momento más inesperado y como por azar
lo toca con ese fervor que inspira lo sagrado

No soy malvado Trato de enamorarte
Intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo
como un río que teme al mar pero siempre muere en él



RAUL GOMEZ JATTIN

POR QUE ES TAN MALO PAULO COHELLO




Traducido a 56 idiomas, publicado en 150 países, con más de 54 millones de libros vendidos, a Paulo Coelho hay que reconocerle al menos una virtud: es una mina de oro para sí mismo y para las editoriales. En su libro de mayor éxito, El alquimista (1988), un pastor de ovejas andaluz viaja hasta las pirámides de Egipto en busca de un tesoro. Antes de llegar a su destino se encuentra con el gran mago que posee los dos pilares de la sabiduría alquímica, es decir, sabe destilar el elíxir de la larga vida y ha fabricado un huevo amarillo, la piedra filosofal, con cuya ralladura se puede convertir en oro cualquier otro metal.
En su viaje hacia las tumbas de los faraones el alquimista le ha revelado al muchacho otro secreto: “Cada hombre sobre la faz de la tierra tiene un tesoro que lo está esperando”. Luego le explica que si no todos encontramos este tesoro personal, es porque “los hombres ya no tienen interés en encontrarlo”. Sospecho que muchos desgraciados se consuelan creyendo semejante ingenuidad. Vista descarnadamente, es sólo una simpleza o una pía ilusión. Sin embargo hay algo que tenemos que conceder, y es que sin duda Paulo Coelho encontró su propio tesoro, en cierto sentido su piedra filosofal: la ralladura sosa y rosa y empalagosa de su prosa se convierte —como por arte de magia— en oro editorial, en millones de copias de consumo masivo de mediocridad. Pero ¿cómo lo hace? ¿Y por qué, siendo un escritor tan rudimentario en el uso del lenguaje, tan pobre en el pensamiento y tan elemental en sus recursos estilísticos, consigue tocar la sensibilidad de tanta gente?
No voy a dar la respuesta más obvia e inmediata, la que todos dan: Si Coelho vende por sí solo más libros que todos los demás escritores brasileños juntos, esto se debe precisamente a que sus libros son tontos y elementales. Si fueran libros profundos, complejos literariamente, con ideas serias y bien elaboradas, el público no los compraría porque las masas tienden a ser incultas y a tener muy mal gusto. Claro que en los millones de ejemplares vendidos hay algo de esto. Pero también existen muchísimos libros tan malos como los de Coelho que no tienen ningún éxito y, al contrario, hay unos cuantos libros excelentes y literariamente impecables que se venden por millones. En vez de tranquilizarnos con respuestas facilistas y tautológicas (el vulgo es vulgar, el mercadeo vende), conviene examinar con cuidado los libros de Coelho y no desdeñarlos de entrada con altivo esnobismo. Me he impuesto el ejercicio de leerlos para tratar de descubrir en qué estrategias temáticas y narrativas podría residir su extraordinario éxito editorial.
La primera respuesta que me di, apenas empezando la lectura de algunos de sus libros, fue que quizá Coelho disfrazaba de misterio y asombro las puras tonterías. Oigan esta, por ejemplo: “Era un día caluroso y el vino, por uno de estos misterios insondables, conseguía refrescar un poco su cuerpo”. De verdad, qué misterio insondable que un líquido quite la sed. Después me di cuenta de que sus técnicas narrativas no se agotan en la simple estupidez; son algo más hábiles y algo menos burdas.
Para empezar, los libros de Coelho explotan hábilmente un universal humano: nuestra fascinación por los poderes de adivinación y conocimiento sobrenaturales. Ya Thomas Hobbes en su clásicoLeviatán (1651) señalaba la irresistible atracción (y por lo tanto el fácil engaño) que padecemos los seres humanos ante todo tipo de presagios. Es una tradición muy antigua (una socorridísima mina de oro, una piedra filosofal) explotar esta debilidad de nuestra psicología. Copio el resumen que hace Hobbes de estos engaños, el cual es preciso y exhaustivo, y parece a su vez un resumen de las técnicas de seducción esotérica que Coelho utiliza en sus libros:
“Así se hizo creer a los hombres que encontrarían su fortuna en las respuestas ambiguas y absurdas de los sacerdotes de DelfosDelosAmmon y otros famosos oráculos, cuyas respuestas se hacían deliberadamente ambiguas para que fueran adecuadas a las dos posibles eventualidades de un asunto (…). A veces en las frases desprovistas de significado de los locos, a quienes se suponía poseídos por un espíritu divino: a esta posesión se la llamaba entusiasmo, y a estos modos de predecir acontecimientos se les denominaba teomancia o profecía. A veces en el aspecto que presentaban las estrellas en su nacimiento, a lo cual se llamaba horoscopia. A veces en sus propias esperanzas y temores, en lo llamado tumomancia o presagio. A veces en las predicciones de los magos, que pretendían conversar con los muertos, a lo cual se llamabanigromancia, conjuro y hechicería, y no es otra cosa sino impostura y fraude. A veces en el vuelo casual o en la forma de alimentarse las aves, lo que llamaban augurio. A veces en las entrañas de los animales sacrificados, a lo que llamaban aruspicina. A veces en los sueños; a veces en el graznar de los cuervos o el canto de los pájaros. A veces en las líneas de la cara, a lo que se llamaba metoposcopia; o en las líneas de la mano, palmis­teria; o en las palabras casuales, omina. A veces en monstruos o accidentes desusados, como eclipses, cometas, meteoros raros, temblores de tierra, inundaciones, nacimientos prematuros y cosas semejantes, lo que se llamabaportenta y ostenta, porque parecían predecir o presagiar alguna gran calamidad venidera. A veces en el mero azar, como en el acertijo de cara y cruz, en el juego de elegir versos de Homero y Virgilio, y en otros vanos e innumerables conceptos análogos a los citados. Tan fácil es que los hombres crean en cosas a las cuales han dado crédito otros hombres; con donaire y destreza puede sacarse mucho partido de su miedo e ignorancia”.
Veamos de qué manera, “con donaire y destreza”, Paulo Coelho le saca partido a nuestra credulidad, a nuestras debilidades y a nuestra ignorancia. Me limitaré inicialmente a El alquimista, su obra más leída, pero el mismo procedimiento se puede rastrear en otros libros suyos. El pastor de ovejas andaluz, al principio del cuento, tiene un sueño y va donde una adivina para hacérselo interpretar. Qué deleite; la gitana no sólo le interpreta el sueño (“los sueños son el lenguaje de Dios”) sino que también le lee la mano. Los sueños del protagonista son el leitmotiv del libro, y es a través de ellos como poco a poco se acerca a su tesoro en el periplo Andalucía-Pirámides-Andalucía.
Para que un mago cobre prestigio como persona capaz de predecir el futuro, mucho le conviene obrar el prodigio de adivinar el pasado. Éste es el paso siguiente en el libro de Coelho: un adivino escribe sobre la arena los episidios más significativos del pasado del joven protagonista, incluyendo la primera vez que se hizo la paja. Cabe aclarar que esta íntima revelación se expresa con palabras mucho más recatadas: “Leyó cosas que jamás había contado a nadie, como (…) su primera y solitaria experiencia sexual”.
El tono sapiente (de una sapiencia falsa, pero en fin) y el ambiguo lenguaje oracular se van soltando en pequeñas dosis a lo largo del libro. Les copio algunos ejemplos: “Cuando deseas alguna cosa, todo el Universo conspira para que puedas realizarla”; “La vida quiere que tú vivas tu Leyenda Personal”; “Todo es una sola cosa”; “Existe un lenguaje que va más allá de las palabras”; “Dios escribió en el mundo el camino que cada hombre debe seguir: sólo hay que leer lo que Él escribió para ti”; “Cualquier cosa en la faz de la tierra puede contar la historia de todas las cosas”. Pero además de este tipo de enseñanzas baratas, de seducción infalible a pesar de su pésimo gusto intelectual, el uso de la magia tradicional también va apareciendo capítulo tras capítulo. Así, el protagonista, al promediar el libro, “acompaña con los ojos el movimiento de los pájaros”. Mira las aves: “De repente, un gavilán dio una rápida zambullida en el cielo y atacó al otro. Cuando hizo este movimiento, el muchacho tuvo una súbita visión: un ejército, con las espadas desenvainadas, entraba en el oasis”. Es el clásico augurio, aunque bastante tosco, pues en vez de descifrar el acertijo del vuelo de los pájaros, al pastor le basta verlo para tener visiones.
Hay un ingrediente adicional que hace más eficaz el recurso al pensamiento esotérico. Para volverlo doctrinalmente inofensivo, para despojarlo de todo peligro satánico, Coelho lo combina con dosis adecuadas de cristianismo tradicional: citas de la Biblia, cuadros del Sagrado Corazón de Jesús, rezos del Padrenuestro… El público mayoritario no se siente en pecado porque lee herejías, y el narrador, al tiempo que se hace pasar por alguien dotado de poderes paranormales (capaz incluso de telepatía), deja saber que él es también un buen cristiano, a pesar de sus coqueteos con la magia.
Hasta aquí algunos elementos temáticos que ayudan a entender, en parte, el favor de Coelho entre los lectores. Pero además de lo temático, conviene señalar también algunas estrategias narrativas del autor brasileño. Sus técnicas para ir tejiendo la trama son tan elementales que me recordaron de inmediato el estudio clásico sobre las formas canónicas del cuento infantil. Vladimir Propp, uno de los padres de la narratología, publicó en Leningrado su monumental Morfología del cuento infantil (1928). El principal mérito de este gran trabajo consiste en haber hallado, por encima de los argumentos superficiales de cada cuento, una serie de elementos formales repetitivos. Mirados al microscopio, es posible descubrir que en todos los cuentos de hadas los personajes, por distintos que sean, acometen siempre las mismas acciones, se ven envueltos en situaciones o “motivos” análogos. Como señala Propp, “cambian los nombres de los personajes, pero no sus acciones, o funciones, por lo que se puede concluir que el cuento le atribuye operaciones idénticas a personajes distintos”.
No voy a decir que Coelho leyó a Propp, estudió cuáles son las “funciones” más elementales del relato tradicional descubiertas por el ruso, y con esta receta se dedicó a escribir el oro en polvo de sus novelas. Eso sería muy sofisticado. La cosa es más simple: Coelho usa, intuitivamente y con alguna destreza, las estructuras más primitivas del cuento infantil. Tomen ustedes cualquiera de los libros de Coelho y verán lo fácil que resulta identificar situaciones como las siguientes, señaladas por Propp en su Morfología: “El héroe abandona la casa”; “el héroe es puesto a prueba o interrogado”; “el héroe se pone en contacto con alguien que le dará un don”; “el héroe recibe un objeto mágico”; “el héroe cae en desgracia”; “el héroe se traslada o es llevado al lugar donde está el objeto de su búsqueda”; “el héroe lucha con un antagonista”; “el héroe regresa”; “el antagonista es castigado”; “el héroe se casa y sube al trono (u obtiene grandes riquezas)”.
Es inútil cansarlos con los ejemplos detallados en que las historias de Coelho parecen calcar literalmente estos esquemas elementales. Les puedo asegurar que, al menos en sus primeros libros, el brasileño repite paso a paso las estructuras narrativas reveladas por el gran formalista ruso hace casi un siglo (y éstos sí que son pronósticos: Propp no sólo describió la tradición popular, sino que anticipó las recetas de un gran éxito editorial).
Los libros más recientes de Coelho, por ejemplo el último, Once minutos (2003), son un poco menos rudimentarios que aquellos primeros títulos que lo lanzaron a la fama. En este caso la trama, nutrida por algunos elementos realistas (para esta novela Coelho usó el testimonio de prostitutas existentes), es menos infantil, menos predecible. En todo caso es posible que el inevitable desencanto que viene con los años haya hecho que este último libro de Coelho sea menos ingenuo. Pero el buen gusto estético e intelectual es muy difícil de adquirir, y por lo mismoOnce minutos (el cálculo de Coelho de lo que dura un coito), aunque menos esquemático, es un libro incluso más cursi que los anteriores. No quiero afirmar nada que no pueda demostrar con citas textuales. ¿Cuántos ejemplos necesitan para convencerse de la irremediable cursilería deOnce minutos? Podría usar un número mágico, de esos que les encantan a los autores de cuentos infantiles, siete, o tres. Para no exagerar, me voy a limitar a tres momentos:
1. La protagonista (prostituta brasileña que trabaja en Suiza, y la sola situación es ya de un sentimentalismo telenovelesco), se encuentra con un pintor joven que la invita a su casa. Ella observa que la casa es grande y está vacía. Entonces concluye: “Debía de tener dinero de verdad. Si estuviese casado no osaría hacer aquello porque siempre había gente mirando. Entonces era rico y soltero”.
2. En el final feliz de la novela este mismo pintor se le aparece a la muchacha con flores: “Ralf llevaba un ramo de rosas, y los ojos llenos de luz que ella había visto el primer día, cuando la pintaba”.
El rico y soltero que en la última página se aparece con un ramo de rosas y se lleva a la muchacha a conocer París es una situación tan perfectamente cursi que, por kitsch, creo que ni Corín Tellado se atrevería a ponerla en una fotonovela. Pero al promediar el libro hay otro momento todavía peor:
3. La prostituta le hace un regalo al pintor del que se empieza a enamorar. Abre el bolso y busca su bolígrafo. Dice: “Tiene un poco de mi sudor, de mi concentración, de mi voluntad, y ahora te lo entrego. (…) Tú tienes mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños”.
Fuera de la ridiculez de la frase, que es única, hay algo todavía más perturbador: al leerla uno se imagina que el autor está copiando aquí su propia vida. Me parece ver la escena; el multimillonario que ha vendido 54 millones de ejemplares con tantas revelaciones de su estro poético, le muestra a una muchacha el objeto mágico (y fálico) con que la va a conquistar. Le dice, pensando ya en el colchón de la suite que los espera: “Te entrego mi tesoro: el bolígrafo con el que he escrito algunos de mis sueños”. Debe tener un bolígrafo para cada día, cada hotel y cada viaje. Y algo más triste: seguramente algunas víctimas, igual que miles de lectores, se dejarán conquistar con semejante frase y semejante halago. Claro que esto último es lo único que no puedo demostrar de todo lo que he dicho sobre Coelho en este artículo. Esta última situación tan sólo la supongo y es sólo una hipótesis sin fundamento, producto de una mente malpensada; todo lo demás lo he tomado directamente de sus libros.
HECTOR ABAD FACIOLINCE. 
***
Texto publicado en El Malpensante (2003)


jueves, 25 de abril de 2013

AL RESCATE DE CUATRO POETAS COLOMBIANOS



Aurelio Arturo, Porfirio Barba Jacob, Luis Carlos López y Luis Vidales. Hombres que dejaron honda huella en la poética colombiana, trascendiendo las normas literarias y sociales establecidas en el tiempo y espacio en los que les correspondió ejercer el oficio, no solamente de escribir, sino, también, de vivir.

Siendo conscientes de los grandes cambios que traía el siglo XX, incluyendo las distintas maneras de ver el mundo, cada uno de ellos buscó, a su modo, hacer una ruptura con la abrumadora influencia hispánica y conservadora en la literatura y en la sociedad de nuestro país.

Comencemos este recorrido con la obra de Aurelio Arturo, aproximándonos en primera instancia a la actitud de cierta manera mística con la que este poeta aprecia la naturaleza. Dicho aprecio y misticismo se pueden notar en poemas como Lluvias, Rapsodia de Saulo, Tambores y Morada al sur. Podría decirse que en ellos la naturaleza, cuando no es el asunto principal, se convierte en el lente a través del cual el autor explora la temática que le inquieta y, también, en el modo en que le hace sentir al lector su profundidad. Este deseo de captar, de absorber la naturaleza, se puede contemplar claramente en Lluvias y en Tambores, en los que la casi total ausencia de puntuación –reducida en Tambores a una coma en el tercer verso y en Lluvias al punto final– parece aludir a la fuidez y armonía sentidas por un apasionado espectador al percibir la calma transmitida por el ambiente circundante. De esta manera, en Aurelio Arturo la trascendencia consiste en su manera de guiar al lector a apreciar con detalle la tierra que constituye su entorno.

Luis Carlos López y Luis Vidales, por su parte, llaman la atención al coincidir en sus obras en el tratamiento de ciertos temas propios de la tensión de la que fueron testigos en un momento histórico atravesado por tantos conflictos sociales y políticos y por toda clase de regionalismos, coincidencia lograda aún a pesar de proceder de lugares diferentes de la geografía colombiana. En Muchachas solteronas, de López y en Oración de los bostezadores, de Vidales, podemos comprobar tales similitudes, así como el estilo ácido en el que trabajaron. Comparemos, por ejemplo, los siguientes versos. Dice el primero:

 
muchachas tan inútiles y castas,
que hacen decir al Diablo,
con los brazos en cruz: – ¡Pobres
                                       muchachas!...

Y luego Vidales:


Señor
Estamos cansados de tus días (…)
Señor,
Nos aburren tus auroras (…)

Es evidente aquí la crítica, elaborada en clave de sarcasmo e ironía, a las costumbres religiosas que impedían virtualmente toda clase de progreso y mantenían a la sociedad en un estado paquidérmico. Y la vigencia de tales críticas no se agotó en la época en que vivieron sus autores, sino que se extiende, a todas luces, a la actualidad.

Para terminar este breve panorama, algunas líneas sobre la obra del andariego Porfirio barba Jacob. Decimos andariego porque, no obstante ser antioqueño, terminó convirtiéndose en un ciudadano de Latinoamérica toda. En efecto, en palabras de Germán Arciniegas, «Pensaba que sus actitudes libérrimas y su moral sin freno no eran como para que Colombia las tolerara. “Una bacante loca y un sátiro afrentoso- conjuntan en mi sangre su frenesí amoroso”». Ciertamente, la Colombia de aquella época –y quizás aún la actual– no estaba preparada para versos como los siguientes: «por las sensuales playas de Lesbos fervorosa» y «Si fue con los mancebos el goce y la ufanía». Pertenecientes a El rastro en la arena, plasma en ellos Barba Jacob una sensación de erotismo que llena todo el poema, pues aun cuando en el resto del mismo no haya una alusión directa al tema erótico, queda de manifiesto el carácter etéreo de la sensualidad.
 
En momentos en que se celebra nuestra lengua, qué bueno es recordar que también aquí tenemos grandes poetas, autores que han dejado huella en las letras hispanoamericanas. Lo grande no está solamente al otro lado del Atlántico ni solamente en otros idiomas; podemos encontrar joyas, y no pocas, aquí mismo y en nuestra propia lengua.





DANIEL JIMENEZ C. 


lunes, 22 de abril de 2013

LAS PALABRAS
                                         PARA ALVARO MUTIS 


Hay un silencio en cada ser.
una soledad en cada cosa.
una angustia que roe los rostros:
río que lame sus propias riberas
y así crece.

Mira, llega el tiempo
batiendo sus alas metálicas
como si fueran aspas de molino.
y he aqui el mundo, tomando baños de sol
en una playa cósmica. también la muerte,
sirviendole de concha al molusco de la vida

y desde siempre
el hombre
idéntico a si mismo a pesar de su historia

Es muy poco lo que cambia en el hombre:
acaso la tibieza de su mascara,
la sonrisa de sus manos;
quizá el ritmo de su sexo o de sus lagrimas

Habla, que las palabras son imagen del silencio.
Cada palabra lleva el lastre de lo inconfesable.
Cada palabra es un lecho humedecido
por la copula o el sueño. Toda palabra es fabula.

EDUARDO LOPEZ JARAMILLO PEREIRA 


Tema de mujer y manzana

                                                                       A Nicanor Parra

                                                      Una mujer mordía una manzana.

Volaba el tiempo sobre los tejados.
La primavera con sus largas piernas,
huía riendo como una muchacha.
Bajo sus pies nacía el agua pura.
Un sol, secreto sol, la maduraba
con su fuego alumbrándola por dentro.
En sus cabellos comenzaba el aire.
Verde y rosa la tierra era en su mano.
La primavera alzaba su bandera
de irrefutable azul contra la muerte.
Una mujer mordía una manzana.
Subiendo, azul, una vehemente savia
entreabría su mano y circulaban
por su cuerpo los peces y las flores.
Gimiendo desde lejos la buscaba
-bajo el testuz de azahares coronado-
el viento como un toro transparente.
La llama blanca de un jazmín ardía.
Y el mar, la mar del sur, la mar brillaba
igual que el rostro de la enamorada.
Una mujer mordía una manzana.
Las estrellas de Homero la miraban.
Volaba el tiempo sobre los tejados.
Huía un tropel de bestias azuladas.
Desde el principio, y por siempre jamás,
una mujer mordía una manzana.
Mi corazón sentía oscuramente
que algo brillaba en esos dientes.
Mi corazón que ha sido y será tierra.

EDUARDO CARRANZA. 


sábado, 8 de septiembre de 2012

LA POESIA DE LAURA VICTORIA, POETISA COLOMBIANA.


AMOR NO ES...

Ya ni versos escribo, sólo queda
este soñar de lágrimas teñido,
y una queja distante en el olvido
azul lejano de tu voz de seda.

Amor no es, es algo que remeda
la desmembranza del rosal caído,
donde ya ni las sombras hacen nido,
ni el viento en rondas de cristal enreda.

Algo que ayer fue lirio de mi fuente,
frescura de mi noche, y suavemente
luminar en mi senda florecida.

Algo que en mi agonía aún retengo,
porque es la única verdad que tengo
y no puedo arrancarla de mi vida.


ANHELO 

Esta noche de raso me he enfermado de luna
y el perfume del huerto se me fue al corazón,
son por eso mis ojos dos diamantes azules
dilatados por una brujería de amor.

Ese beso que a tiempo me pediste temblando
esta noche en mis labios es granada en sazón.
Dime, loco bohemio... ¿no presientes acaso
el panal que te ofrecen mis caricias en flor?

Nadie pasa... El camino serpentea en la sombra
mancillando la calma con su inquieto blancor...
En mi boca los besos son angustia infinita 
y  mi cuerpo es un nido palpitante de sol.

Ya lo ves, cuando ansioso me pediste ese beso,
se nevaron mis labios con tu claro fervor,
y esta noche, que hubieras agotado tus ansias,
por creerme de hielo sepultaste mi voz.


BOHEMIA 

Jugadora de sueños
llegué un atardecer hasta tu mesa;
llevaba en los cabellos ya marchita
la solitaria rosa 
que me dejó un tahúr la última fiesta,
y en los labios el rictus fastidioso
de una noche ceniza de placeres,
ungida bajo el opio de la luna
con una media-luna en las ojeras.

Llegué a jugar por tu sonrisa clara
mi último granate,
y a cambiar por tus manos cariñosas
mi última promesa;
por eso fui morena de crepúsculo
copiando en las pupilas abismadas
ese fuego de otoño que en tu cuerpo
arde con tonos suaves de violeta.

Jugadora de sueños, de imposibles...
En tus besos perdí hasta el cascabel
de mi alegría,
y sólo traje un tósigo de olvidos
en la boca in saciada,
y un perfume de pinos macerados
revuelto en la musgosa cabellera.

¡Oh, la tristeza de los ojos idos
que agiganta la ausencia,
y la infinita angustia de los besos
que en las noches sin sueño
crece como el negror de las pavesas!
¡Oh, las manos amadas
que llorando besamos
en las noches inmensas,
y la boca incitante
que tibió de caricias
nuestro cuerpo de seda,
y el cabello cansado
donde locas bebimos
un perfume de anémonas!

¡Oh, la blanca nostalgia,
de paisajes remotos,
donde acaso encontremos
bajo soles de gloria
un licor de inconsciencia!
¡Oh, la fresca alegría
que embriagadas perdimos,
por tender solitarias
hacia cielos remotos,
nuestras alas viajeras!

Jugadora de sueños, jugadora inexperta,
entre tus labios dejé mi clara soledad,
y hoy llevo un vivac de añoranzas
en mi débil bagaje,
y de espaldas al plácido horizonte
devano los estériles minutos
en el ancho telar de las esperas.

Tal vez mañana volvamos a encontrarnos
en el vértigo azul de la ruleta.
Tú, con la copa del festín vacía,
yo, con la risa del placer ya muerta.

LAURA VICTORIA. SEUDONIMO DE GERTRUDIS PEÑUELA. COLOMBIA 1904 




miércoles, 5 de septiembre de 2012

BEATRIZ

Hay tanto amor en cada cosa que veo,
en cada cosa invisible.
Enamorarse es ver lo que los otros no ven.
¿Cómo es posible que todos pasen
junto a ti
como si no te vieran
y yo me detengo a mirarte
para siempre?
¿Qué cosa ocurre en los demás que a mí
me falta para olvidarte?


FERNANDO DENIS. COLOMBIA. 

domingo, 12 de agosto de 2012

ARTE MODERNO

Arte Moderno: incienso para  idolatrar
a los dioses de la vanidad y el dinero;
ego aliado con el cesarismo y el oro
vampiro del comercio de la belleza;
eclipse de la realidad pintada, con el dolar espurio
 de la inicua abstraccion  de la vida
degenerada en naturaleza muerta.

Arte del desamor atado a la caja fuerte
del oro pirata del anti-arte

El arte moderno es un arte muerto,
como una rosa de plástico, imitando la belleza
con espinas de mentiras.

Explota su confusión confortablemente,
comercia con la impotencia y la ignorancia,
enriquece museos, chequeras, mausoleos,
pero a la vida, la empobrece y la saquea
como no embellece;  la afea

GONZALO ARANGO 








martes, 31 de julio de 2012

JAIME JARAMILLO ESCOBAR. POETA INVITADO AL FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA EN PEREIRA LUNA DE LOCOS 2012



RUEGO A NZAMÉ

Dame una palabra antigua para ir a Angbala,
con mi atado de ideas sobre la cabeza.
Quiero echarlas a ahogar al agua.

Una palabra que me sirva para volverme negro,
quedarme el día entero debajo de una palma,
y olvidarme de todo a la orilla del agua.

Dame una palabra antigua para volver a Angbala,
la más vieja de todas, la palabra más sabia.
Una que sea tan honda como el pez en el agua.

¡Quiero volver a Angbala!


APOLOGO DEL PARAISO. 


Eva, transformada en serpiente, ofreció a Adán una manzana.
Fueron arrojados del Paraíso, pero ellos llevaron semillas consigo,
y Adán y Eva encontraron otra tierra y plantaron allí las semillas de paraíso.

Podemos hacer siempre el paraíso alrededor nuestro dondequiera que nos encontremos.
Para eso sólo se requiere estar desnudos.

lunes, 30 de julio de 2012

VOCES LOCALES EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESIA DE PEREIRA 2012

CAROLINA HIDALGO (PEREIRA)


EL SABOR DEL GANGES 


Glenda baila la danza de Shiva
las sedas descuelgan de sus piernas morenas
haciendo figuras de colores ondulantes en el humo,
su saliva se reseca
y ella sigue bailando
recuerda el sabor del  Ganges
que trae la memoria de sus vivos y sus muertos;
da un salto
la luz atraviesa su cuerpo
y se evapora
Shiva danza con sus ojos negros, ardientes
sosteniendo las notas
en los dedos
toda ella es el Ganges
todo el es Glenda.


LEONARDO FABIO MARÍN. (PEREIRA)


TRANVIA. 


no nos pertenece esta ciudad
tan sólo estamos adheridos a ella
como los muros ingenuos como las paredes
pagando con creces
el precio por habitar sus pequeños
agujeros olorosos sus lugares elaborados
con desmesura con calma con holgura
pagando por recorrer sus cloacas de invierno
sus cavidades báquicas húmedas laberínticas
crueles en esencia en esencia fantasmales

no nos pertenece es cierto real
seguro visible verosímil
no es nuestra aun así es posible poseerla abrazarla
sentir cuando se deja entrever intuir acariciar mientras
se embriaga con nuestras visiones de marineros
anclados en sus turbias y mundanas historietas
clandestinas nocturnas ambiguas e incipientes
sentir cuando como colegiala tonta nos mira nos acecha
o simula escucharnos
y nos bifurca en orgasmos invisibles
nos asedia y obsede con sus ácidos perfumes
edulcorantes salvajes místicos penetrantes
al final despertamos si sucede así adheridos
como carteles a sus extramuros grises y oscuros
despertamos aferrados a sus muecas aleatorias
a sus espasmos cuneiformes
y poco a poco se van diluyendo nuestros pasos

con el tiempo con los días y los meses un nuevo huésped
viene a poseerla
pagará el precio por danzar sus tangos medievales
el baile infinito de las horas
pagará también el precio justo
lo que debe entregarse a cambio
por beber el rojo de sus labios de absenta
su delirante veneno milagroso encantador y loco
en esencia cruel en esencia fantasmal

MAURICIO RAMIREZ (PEREIRA)

NUEVA YORK 11 S 

Duerme, amor 
Ícaros  fanáticos 
chocaron sus aviones 
contra dos edificios de Nueva York 

Los muertos no contestan 
el teléfono.
Tampoco tu respondes 
desde tu sueño, amor 

No despiertes
El miedo se esparce como el polvo 
La muerte esta por todas partes 
La confusión es la misma 
En los noticieros en las calles y en mi cabeza 

Quiero tocarte 
Tú duermes 
Yo también ardo 
Estoy vivo, amor. 

MIGUEL ANGEL RUBIO  (PEREIRA) 

POEMA MATEMATICAMENTE ROMANO.
Cuando los romanos
Descubrieron de los árabes el cero
El infinito se inclinó ante sus ojos.
Desde entonces el mundo
se llenó de números que lo miden todo
Números  árabes,  por supuesto
Calculan las proporciones de un rascacielos en Nueva York
Que de algún modo,
Soñó  Omar en palacios de   Bagdad 
por los años 1100 de nuestra era.

y seguir pensando el tiempo
Como  números romanos
Si ellos se quedaron en los libros
Sobre ruinas
Tratando de entender  aun  el infinito.





domingo, 29 de julio de 2012

SOLO PUEDO ESCRIBIR DE AMOR




Sólo puedo escribir de amor.
Salgo a la noche
respiro su aire tenso, sé que vivo.
Con su canto monódico me seducen los grillos.
Y es la noche sin ti lo que yo escribo.
En el verso me abstraigo.
y allí el amor es sangre y meteoro,
es la espada que hiere, es sal y madrugada.
Breve es y bello y mentiroso,
y eterno y falso y dulce y verdadero.
Y yo sólo sé hablar de la tormenta
que estalla entre tus besos.
Ebria y multicolor
en anodinas calles la ciudad multiplica
mil rostros pianos y una sola mueca,
y abre sus tristes puertas a la noche.
Todo está allí para que la palabra
aprese un llanto, un árbol, la monstruosa
soledad de sus calles vocingleras.
Y yo tan sólo escribo
de la tarde sin ti y de mi tristeza.


PIEDAD BONNET...

martes, 17 de julio de 2012

LAMENTACIÓN BALDÍA

Mi mal es ir atientas con alma enardecida
ciego sin lazarillo bajo el azul de enero;
mi pena, estar a solas errante en el sendero;
y el peor de mis daños no comprender la vida.

Mi mal es ir a ciegas, a solas con mi historia,
hallarme aquí sintiendo la luz que me tortura
y que este corazón es brasa transitoria
que arde en la noche pura.

Y venir sin saberlo, tal vez de algún oriente
que el alma en su ceguera vio como un espejismo,
y en ansias de la cumbre que dora un sol fulgente
ir con fatales pasos hacia el fatal abismo.

Con todo, hubiera sido quizás un noble empeño
el exaltar mi espíritu bajo la tarde ustoria
como un perfume santo…
¡pero si el corazón es brasa transitoria!

y sin embargo, siento como un perenne ardor
que en el combate estéril mi juventud inmola…
(¡Oh noche del camino, vasta y sola,
en medio de la muerte y del amor!)

PORFIRIO BARBA JACOB

domingo, 15 de julio de 2012

UNO SIEMPRE TERMINA BUSCÁNDOSE A SI MISMO, DESPUÉS DE VOLTEAR COMO DEMENTE.



Uno siempre termina buscándose a si mismo después de voltear como demente.

…El clown de Miguel es ser poeta

ANDRES FELIPE YAYA. 
En la primera edición de los poemas de la ofensa; Gonzalo Arango  realiza una entrevista superficial a Jaime Jaramillo Escobar, su autor. Los temas presentados durante la conversación pasan velozmente. Hubo un momento de asombro en que Jaime Jaramillo ó x-504 cuenta su secreto poético  diciendo “el secreto de mi estilo está en que escribo siempre desnudo” sencillamente cada poeta o cada humano que intenta indagar en las formas de expresión que buscan un estilo propio, y  que termina en uno, definitivamente, en uno mismo; esta búsqueda casi ilusoria la ha venido buscando Miguel Rubio desde uno de los instantes primeros en que crucé palabras con él.

La búsqueda no ha sido por decirlo así, nada fácil. Miguel inicio su exploración con una exhaustiva lectura de los clásicos griegos, a su padre homero. En algunos momentos pensé (el man no quiere salir. Anda más perdido que Ulises buscando a su Ítaca) no obstante obtuvo una producción poética interesante; con poemas como: para partir de Ítaca nuevamente; donde resuelve problemas estilísticos con un rigor notable, una sintaxis limpia y una construcción de imágenes de gran altura, dentro de una secuencia que es rematada con un final que quizás desde mi visión, instalo lo que faltaba.

Claro está que posee una alta influencia de kavafis, no obstante en la mayoría de veces pone su sello personal de manera audaz. Rubio conserva un estilo que desde mi concepción se encuentra lejos de la escuela griega aunque él siga con esa tradición y aun escribiendo acerca de la temática antigua. La poesía y la filosofía tienen su momento; no podemos filosofar como filosofaba Sócrates o escribir a la manera de Anacreonte. Todo es completamente histórico.

La mayoría de literatos apasionados han pasado sus ropajes por esa travesía, por qué digo que los apasionados, porque el resto de literatos solo son relleno. Simplemente ingresan a la academia en busca de otras visiones y lo que verdaderamente importa es desechado. Miguel hace parte de esos literatos que se han estrellado en su ingreso a ella,  por la poca seriedad hacia las letras, cuando en él radica un amor recóndito. Ese amor siempre ha existido pero quizás en su poética lo olvida y escribe desde otra vertiente, desde los recodos del humor; habla sin tapujos durante ese rompimiento de todas las formas de la escritura y es lo que pretende conscientemente y a su vez lo esta desarrollando con su temática burlesca.

En las primeras ocasiones en que conocí el trabajo de Miguel Rubio, es decir los poemas con influencias clásicas, giraron en torno a mi con sus imágenes, en días pensaba en ellos y en la recuperación de memoria que estaba generando; sin embargo al leer la otra parte de su trabajo vi en el primer plano al verdadero Miguel, el irónico, el incomprensible, el que genera controversia en las discusiones. Leo con mayor interés al segundo Miguel aunque el continúe en las arterias de los griegos, y término con él, con el clown que es poeta: Miguel Rubio.


SÍLICE.

La ceniza cubre el aire
De los hombres en las esquinas.
El ejecutivo, sacude su  corbata
No quiere que le desentone en el conjunto de su traje
El obrero estornuda, sin entender que pasa
La gente murmura palabras de asombro
Unos por desconocimiento
Otros por  “apocalipsis now “
Los demás porque siempre hay que decir algo

Y cierra con:

Lo bello  no es  más que  cenizas
En el mismo instante que intentamos explicarlo.


ANDRES FELIPE YAYA. 






miércoles, 11 de julio de 2012

LIDIA TRABUCCO.


 1

Soy mujer sin historia.
Mujer de aquí y ahora
de las que caminan desafiando montañas
y voy siempre a pie desnudo.
Soy mujer de esperanza y de silencios,
de campos abiertos
Y de sol encendido.

 2 

me di cuenta que el rumbo es el hoy, no mañana 
En ese hoy me invento
Como humilde muchacha:
Inocente y genuina,
Sincera y sin medida.
En mi piel llevo mapas de vida
Pero mis ojos miran siempre por primera vez
Y apartando malezas voy buscando senderos
De ilusiones intactas y de manos tendidas.

LIDIA TRABUCCO. ARGENTINA /PEREIRA 

lunes, 9 de julio de 2012


El regreso

El regreso para morir es grande.
(Lo dijo con su aventura el rey de Itaca.)
Mas amo el sol de mi patria,
el venado rojo que corre por los cerro,
y las nobles voces de la tarde que fueron
mi familia.
Mejor morir sin que nadie
lamente glorias matinales, lejos
del verano querido donde conocí dioses.
Todo para que mi imagen pasada
sea la última fábula de la casa.



JORGE GAITÁN DURÁN

ARTE POÉTICA

El poeta es el hombre
que regresa de la indigencia
cantando

Viaja dentro de si
en busca de ciudades
asombrosas

Funda palabras mas ruidosas
que una metrópoli azotada
por el fuego

El poeta ara y siembra en el mar
para convidar a sus semejantes
al festín de su cosecha

todas las embriagueces lo enamoran
y a todas se abandona
sin detenerse

El poeta nace
donde quiera que un pueblo
agota la imaginación
para defender su verdad

MAURICIO RAMÍREZ GOMÉZ (PEREIRA)


miércoles, 4 de julio de 2012

PARA PARTIR DE ITACA NUEVAMENTE.

                                                      Hace mucho tiempo 
una historia, contó que un hombre 
volvía 

Ese, que iluso, 
durante veinte años 
navego los mares
desafío las olas.... 

Desde entonces no ha llegado 
y el tejido largo del tiempo
hila sombras y pliegues, 
en las nubes y en los rostros.... 

Tantas Itacas ya han pasado 
como tantas Penelopes esperan 
mas, como si no bastara, 
los mares, siguen igual 
ya no importan todos los Ulises que hay en mi 
luchando por volver, 
para partir de Itaca nuevamente. 

MIGUEL ANGEL RUBIO 

lunes, 4 de junio de 2012

LA CANCION DE AMOR DE J ALFRED PRUFROCK




Vayamos, tú y yo,
a la hora en que la tarde se extiende sobre el cielo
cual un paciente adormecido sobre la mesa por el éter:
vamos a través de ciertas calles semisolitarias,
refugios bulliciosos
de noches de desvelo en hoteluchos para pernoctar
y de mesones con el piso cubierto de aserrín y conchas de ostra,
calles que acechan cual debate tedioso
de intención insidiosa
que desemboca en un interrogante abrumador...
Ay, no preguntes: «¿De qué me hablas?»
Vamos más bien a realizar nuestra visita.

En el salón las señoras están deambulando
y de Miguel Ángel están hablando.

La neblina amarilla que se rasca la espalda sobre las ventanas,
el humo amarillo que frota el hocico sobre las ventanas,
lamió con su lengua las esquinas del ocaso,
se deslizó por la terraza, pegó un salto repentino,
y viendo que era una tarde lánguida de octubre,
dio una vuelta a la casa y se acostó a dormir.

Ya habrá tiempo. Ya lo habrá.
Para el humo amarillo que se arrastra por las calles
rascándose sobre las ventanas.
Ya habrá tiempo. Ya lo habrá.
Para preparar un rostro que afronte los rostros que enfrentamos.
Ya habrá tiempo para matar, para crear,
y tiempo para todas las obras y los días de nuestras manos
que elevan las preguntas y las dejan caer sobre tu plato;
tiempo para ti y tiempo para mí,
tiempo bastante aun para mil indecisiones,
y para mil visiones y otras tantas revisiones,
antes de la hora de compartir el pan tostado y el té.

En el salón las señoras están deambulando
y de Miguel Ángel están hablando.

Ya habrá tiempo. Ya lo habrá.
Para preguntarnos: ¿Me atreveré yo acaso? ¿Me atreveré?
Tiempo para dar la vuelta y bajar por la escalera
con una coronilla calva en medio de mi cabellera.
Ellos dirán: «¡Ay, cómo el pelo se le está cayendo!»
Mi sacoleva, el cuello que apoya firmemente mi barbilla,
mi corbata, opulenta aunque modesta y bien asegurada
                                                         por un sencillo prendedor.

Ellos dirán: «¡Ay, cuán flacos tiene los brazos y las piernas!
¿Me aventuro yo acaso a perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo suficiente
para decisiones y revisiones que un minuto rectifica.

Pues ya los he conocido, conocido a todos:
conocido las tardes, las mañanas, los ocasos;
he medido mi vida con cucharitas de café,
conozco aquellas voces que fallecen en un salto mortal
bajo la música que llega desde el rincón lejano del salón
Entonces, ¿cómo he de presumir?

Pues he conocido ya los ojos, conocido a todos,
los ojos que nos sellan en una mirada formulada
estando yo ya formulado, en un alfiler esparrancado;
bien clavado retorciéndome sobre la pared.
¿Cómo comenzar entonces
a escupir las colillas de mis costumbres y mis días?
Entonces, ¿cómo he de presumir?
Pues he conocido ya los brazos, conocido a todos,
brazos de pulseras adornados, níveos y desnudos
(mas al fulgor de la lámpara cubiertos de leve vello de oro).

¿Será el perfume de un vestido
lo que me hace divagar así?
Brazos sobre una mesa reclinados o envueltos en los
                                                             pliegues de un mantón.

Entonces ¿habré de presumir?
¿Y cómo he de comenzar acaso?

Diré tal vez: he paseado por callejuelas al ocaso
y he visto el humo que sube de las pipas
de hombres solitarios en mangas de camisa, sobre las
                                                                   ventanas reclinados.

Hubiera preferido ser un par de recias tenazas
que corren en el silencio de oceánicas terrazas.
¡Y la tarde, la incipiente noche, duerme sosegadamente!
Acariciada por unos dedos largos,
dormida, exhausta... o haciéndose la enferma
sobre el suelo extendida, junto a ti, junto a mí.
¿Tendré fuerza bastante después del té y los helados y las tortas,
para forzar la culminación de nuestro instante?
Aunque he gemido y he ayunado, he gemido y he rezado,
aunque he visto mi cabeza (algo ya calva) portada en una
                                                                                          fuente,
yo no soy un profeta -y ello en realidad no importa
                                                                                demasiado-
he visto mi grandeza titubear en un instante,
he presenciado al Lacayo Eterno, con mi abrigo en sus
                                                        manos, reírse con desprecio,
y al fin de cuentas, sentí miedo.

Hubiera valido la pena, al fin de cuentas,
después de las tazas, la mermelada, el té,
entre las porcelanas, en medio de nuestra charla baladí,
hubiera valido la pena
morder con sonrisas la materia,
enrollar en una bola al universo
para arrojarla hacia algún interrogante abrumador.
Poder decir: «Soy Lázaro que regresa de la muerte
para os revelarlo todo, y así lo voy a hacer»...
Y si al poner en una almohada la cabeza, una dijera:
«No. No fue esto lo que quise decir.
No lo fue. De ninguna manera».

Hubiera valido la pena, al fin de cuentas,
sí hubiera valido la pena,
después de los ocasos, las zaguanes, las callejuelas
                                                                          salpicadas,
después de las novelas, de las tazas de té y de las faldas
                                                     por los pisos arrastradas.
¿Después de todo esto y algo más?
Me es imposible decir justamente lo que siento.
Mas cual linterna mágica que proyecta diseños de nervios
                                                                  sobre la pantalla,
hubiera valido la pena, si al colocar un almohadón o
                                                          arrancar una bufanda,
volviendo la mirada a la ventana, una hubiese confesado:
«No. No fue esto lo que quise decir.
No lo fue. De ninguna manera».

No. No soy el príncipe Hamlet. Ni he debido serlo;
más bien uno de sus cortesanos acudientes, alguien capaz
de integrar un cortejo, dar comienzo a un par de escenas,
asesorar al príncipe; en síntesis, fácil instrumento,
deferente, presto siempre a servir,
político, cauto y asaz meticuloso.
A veces, en realidad, casi ridículo.
A veces tonto de capirote.

Me vence la vejez. Me vence la vejez.
Luciré el pantalón con la manga al revés.

¿Me peinaré hacia atrás? ¿Me arriesgo a comer melocotones?
Me pondré pantalones de franela blanca
y me iré a pasear a lo largo de la playa.

He oído allí cómo entre ellas se cantan las sirenas.
Mas no creo que me vayan a cantar a mí.
Las he visto nadando mar adentro sobre las crestas de la marejada,
peinando las cabelleras níveas que va formando el oleaje
cuando de blanco y negro el viento encrespa el océano.

Nos hemos demorado demasiado en las cámaras del mar,
junto a ondinas adornadas con algaseojas y castañas,
hasta que voces humanas nos despiertan, y perecemos ahogados.

T S ELLIOT