miércoles, 30 de mayo de 2012

SIMON METALICO




¿Y quién no ha hablado de Bolívar?
¿Y quién no ha dicho que libertó muchas naciones?
¿Quién no conoce en los museos su vieja espada
o la chaqueta de guerra que se quedó detrás de un vidrio?
Todo eso está ya dicho, yo miro el mineral.
Bolívar y sus pantalones de bronce,
sobre todos los parques que libertó en América;
su espada de bronce, su caballo de bronce,
duro el ojo, parado en el último combate.
En todas las plazuelas de la tierra
le está cayendo musgo al padre,
musgo a su espada, musgo a todo su bronce
y a los flancos inmóviles de su caballo muerto.
Y colocan al fabricante de la libertad
una corona de hojalata para que dure unos días más,
se hacen al padre, al bronce y al caballo
largos discursos de hojarasca.
Mil veces han gritado: “El padre de la patria”
y sin embargo, el dueño de los ríos y los potros,
remasca su gloria de opereta,
de vitrinas oscuras, gloria de los rincones y los parques
donde no llega el jardinero sino a abrir su bragueta.
Pobre padre Bolívar, castigado en el bronce.
De aquí no sales más, le dijo el fundidor,
y vació sobre el barro metales derretidos.
A Bolívar le quemaron el alma
los estatueros de las fundiciones.
De aquí nos das un paso, le dijeron tres hombres
cuando lo anclaron bajo un árbol y un pájaro.
Bolívar está muerto, está muerto, está más muerto;
está apretado en su ataúd de bronce
como un grano de trigo entre dos rocas;
Bolívar está muerto en su caballo;
De aquí nos das un paso;
y su bota quedó en el aire suspendida
y su otro paso no lo ha dado jamás.
Las generaciones van todas a los parques.
Años atrás hablaban de la guerra,
nuestra “sangrienta guerra”,
con unos pantalones atados al tobillo.
Daban vueltas a la estatua y ponían
las zapatillas sobre el pedestal
y hablaban mal del tiempo.
Los políticos iban y decían “la patria”
lamían la palabra “República”
a la espera de comerse una sílaba;
y al fin llegaron las niñeras
que dan vueltas a la estatua con un tropel de hijos ajenos.
¿Quién no ha visto la espada de Bolívar
combatiendo al silencio en un museo
y a su pistola muerta disparando epopeyas?
¿Quién no sabe que libertó cinco naciones?
¿Y que empuñó este continente como un sable
desde el puño nudoso de Colombia?
¿Qué fue soldado y tísico?
De aquí no das un paso, caballo de bronce de Bolívar:
los espolines de tu dueño
no punzan más que el viento en sus ijares.
Padre Bolívar de rincón de parques,
estás muriendo nuevamente cada tarde.

***
Simón, alimentado de victorias,
con los cubiertos de la guerra
colgando de sus huesos,
come pisadas de palomas,
intimidad de insectos,
siestas de golondrinas
en los pliegues de piedra de su capa.
Simón, hijo del padre y de espada,
dando albergue a los pájaros.
Simón batalla que envainó los gritos
en todas las cubiertas de los árboles
se nutre ahora de un silencio metálico.
Simón universal, Simón América,
guarda como una plaza fuerte
la sombra de sus parques,
sus invisibles puertas y su hierro.
Conquistador de estanques y de araucarias,
te hemos cambiando el llano por los peces,
los Andes por una niebla oscura,
te cambiamos la espalda por los pinos
y los estribos desbocados por una piedra muerta sobre el césped.
Te dan coronas tristes
cuanto tu estatua triunfa en el crepúsculo,
y por cada batalla con el viento
tienes cien mil cadáveres de hojas.
Oh, piedra resignada de Bolívar,
granito muerto, carne de museo,
polvo de tu guerrera,
Simón Bolívar de sable enmohecido,
libertador de fraguas y cinceles.
En esta América, tuya por tu brazo,
se va a morir tuberculoso el bronce.

Óscar Hernández (Medellín 1925)

martes, 29 de mayo de 2012

SÍLICE.




La ceniza cubre el aire
De los hombres en las esquinas.
El ejecutivo, sacude su  corbata
No quiere que le desentone en el conjunto de su traje
El obrero estornuda, sin entender que pasa
La gente murmura palabras de asombro
Unos por desconocimiento
Otros por  “apocalipsis now “
Los demás porque siempre hay que decir algo

Entre la ceniza
El cabello blanquecino
La tos
Y sílice en los cielos

Los pájaros  ofrendan  sus vidas
Mientras  un hermoso espectáculo
Nos revela lo terrible
De la vida.

Lo bello  no es  mas que  cenizas
En el mismo instante que intentamos explicarlo.


MIGUEL  ANGEL RUBIO OSPINA




domingo, 15 de abril de 2012

LATINOAMERICA, CALLE 13




Soy,
Soy lo que dejaron,
soy toda la sobra de lo que se robaron.
Un pueblo escondido en la cima,
mi piel es de cuero por eso aguanta cualquier clima.
Soy una fábrica de humo,
mano de obra campesina para tu consumo
Frente de frio en el medio del verano,
el amor en los tiempos del cólera, mi hermano.
El sol que nace y el día que muere,
con los mejores atardeceres.
Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.
Las caras más bonitas que he conocido,
soy la fotografía de un desaparecido.
Soy la sangre dentro de tus venas,
soy un pedazo de tierra que vale la pena.
soy una canasta con frijoles ,
soy Maradona contra Inglaterra anotándote dos goles.
Soy lo que sostiene mi bandera,
la espina dorsal del planeta es mi cordillera.
Soy lo que me enseño mi padre,
el que no quiere a su patria no quiere a su madre.
Soy América latina,
un pueblo sin piernas pero que camina.

Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Tengo los lagos, tengo los ríos.
Tengo mis dientes pa` cuando me sonrío.
La nieve que maquilla mis montañas.
Tengo el sol que me seca  y la lluvia que me baña.
Un desierto embriagado con bellos de un trago de pulque.
Para cantar con los coyotes, todo lo que necesito.
Tengo mis pulmones respirando azul clarito.
La altura que sofoca.
Soy las muelas de mi boca mascando coca.
El otoño con sus hojas desmalladas.
Los versos escritos bajo la noche estrellada.
Una viña repleta de uvas.
Un cañaveral bajo el sol en cuba.
Soy el mar Caribe que vigila las casitas,
Haciendo rituales de agua bendita.
El viento que peina mi cabello.
Soy todos los santos que cuelgan de mi cuello.
El jugo de mi lucha no es artificial,
Porque el abono de mi tierra es natural.

Tú no puedes comprar al viento.
Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
Tú no puedes comprar el calor.
Tú no puedes comprar las nubes.
Tú no puedes comprar los colores.
Tú no puedes comprar mi alegría.
Tú no puedes comprar mis dolores.

Você não pode comprar o vento
Você não pode comprar o sol
Você não pode comprar chuva
Você não pode comprar o calor
Você não pode comprar as nuvens
Você não pode comprar as cores
Você não pode comprar minha felicidade
Você não pode comprar minha tristeza

Tú no puedes comprar al sol.
Tú no puedes comprar la lluvia.
(Vamos dibujando el camino,
vamos caminando)
No puedes comprar mi vida.
MI TIERRA NO SE VENDE.

Trabajo en bruto pero con orgullo,
Aquí se comparte, lo mío es tuyo.
Este pueblo no se ahoga con marullos,
Y si se derrumba yo lo reconstruyo.
Tampoco pestañeo cuando te miro,
Para q te acuerdes de mi apellido.
La operación cóndor invadiendo mi nido,
¡Perdono pero nunca olvido!

(Vamos caminando)
Aquí se respira lucha.
(Vamos caminando)
Yo canto porque se escucha.

Aquí estamos de pie
¡Que viva Latinoamérica!

No puedes comprar mi vida.

domingo, 8 de abril de 2012

NUEVAS VOCES DE LA POESÍA EN RISARALDA.


ABASTECER 
 
Guardo un trozo de día en mi bolsillo
Un gesto del grillo
Que roe ciudades a través de las migas
De un canto
Súbitamente aventajado en las calles del viento

Para tener pedazos de días y noches
En una eternidad con patas de insecto.


RAYANDO EL AGUA

Con la tiza de las yemas
Dividida en pedazos de círculos constantes
Donde la sangre se confunde
Contra paredes de piel
Y un jardín de astros que se extingue
Cuando la llovizna deja sus zapatos
Suspendidos de un viento que carga eternidad

Rayo la textura del agua.

ANDRES FELIPE YAYA, LA VIRGINIA RISARALDA. 

LUGAR SIN TIEMPO & MALA INFLUENCIA.

LUGAR SIN TIEMPO.


Sin ruido
Con sonidos pero sin ruido
El mundo a veces me aturde,
Me urge un lugar
Donde se sienta la vida
Donde me percate del mundo
Donde perciba la naturaleza

Un lugar en el cual
Se respire un aire tan limpio
Que haga daño
Que te afecte la respiración
Que te limpie por dentro

Quiero eso y nada más
Un lugar sin tiempo porque acá todo está medido
Desde el tiempo hasta el cuerpo.


MALA INFLUENCIA. 


Convénceme, hazme viajar,
que ya no sienta los pies sobre la tierra
Que olvide el boleto de regreso y tenga que quedarme

Conviértete en mi destino más perverso,
En el lugar del no tiempo,
de los hijos perdidos, de las horas cortas ....

Indúceme a buscarte sin mapa alguno,
A guiarme solo por las líneas de tus manos,
A no tener miedo de mirar a los ojos y exclamar un gemido lleno de sentimiento.


Persuádeme hasta el punto de que olvide la vida errante
Y quiera lanzar por siempre mi ancla en tu puerto ...


TATIANA TORO RIOS.  PEREIRA. 

INUTILIDAD DEL OFICIO.




Cuánto se ha sacrificado para escribir estas líneas
cuántos pesares y melancolías
para asumir con dignidad la ruina y el abandono
y sobrevivir a la tragedia.

Y siempre habrá poesía
pero volveremos a las mismas y repetidas palabras
todos los temas están dichos
y habrá que repetir en cada verso
ritmos ya entonados, amores y muertes ya cantados.

Cuánto sacrificio para escribir algunas palabras de basura
cuántos sismos interiores.
Para que no las lean, se burlen o no aplaudan en un recinto.

FEDERICO DIAZ GRANADOS. BOGOTA COLOMBIA. 

domingo, 1 de abril de 2012

HOMENAJE A OCTAVIO PAZ.





Dos cuerpos

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.
 



El mar, el mar y tú, plural espejo...


El mar, el mar y tú, plural espejo,
el mar de torso perezoso y lento
nadando por el mar, del mar sediento:
el mar que muere y nace en un reflejo.

El mar y tú, su mar, el mar espejo:
roca que escala el mar con paso lento,
pilar de sal que abate el mar sediento,
sed y vaivén y apenas un reflejo.

De la suma de instantes en que creces,
del círculo de imágenes del año,
retengo un mes de espumas y de peces,

y bajo cielos líquidos de estaño
tu cuerpo que en la luz abre bahías
al oscuro oleaje de los días.




Refranes

Una espiga es todo el trigo
Una pluma es un pájaro vivo y cantando
Un hombre de carne es un hombre de sueño
La verdad no se parte
El trueno proclama los hechos del relámpago
Una mujer soñada encarna siempre en una forma amada
El árbol dormido pronuncia verdes oráculos
El agua habla sin cesar y nunca se repite
En la balanza de unos párpados el sueño no pesa
En la balanza de una lengua que delira
Una lengua de mujer que dice sí a la vida
El ave del paraíso abre las alas
Como la marejada verde de marzo en el campo
Entre los años de sequía te abres paso
Nuestras miradas se cruzan se entrelazan
Tejen un transparente vestido de fuego
Una yedra dorada que te cubre
Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio
Con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo
Los días harapientos caen a nuestros pies
No hay nada sino dos seres desnudos y abrazados
Un surtidor en el centro de la pieza
Manantiales que duermen con los ojos abiertos
Jardines de agua flores de agua piedras preciosas de agua
Verdes monarquías

La noche de jade gira lentamente sobre sí misma.



OCTAVIO PAZ MÉXICO 1914-1998 

sábado, 24 de marzo de 2012

AQUI HOY




Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y del término, la caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los ritos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre;
pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo
esta meditación es un consuelo.

JORGE LUIS BORGES.

PUEDE SER PELIGROSO


Puede ser peligroso
caminar descalzo
el sendero de la poesía

la poesía es sueño
que se vive mientra se esta despierto
contemplando señales desnudas en la tormenta.

soñar poesía es ver a Hamlet
increpando a los dioses con desprecio

es bailar en el pecho desnudo de un hombre

vivir poesía es ver a Romeo
caer como lluvia
sobre el vientre de la amada

es dibujar sombras en la luz
mientras en el silencio retumban
los nombres que nunca fueron nuestros

recorrer poesía
es caminar descalzo
ciego y loco
vivir asustado
sin encontrar espanto....


BIBIANA SILVA.

jueves, 23 de febrero de 2012

AUTORRETRATO DE ADOLESCENCIA.



Entre serpientes verdes y verbenas,
mi condición de león domesticado
tiene un rumor lacustre de colmenas
y un ladrido de océano quemado.

Ceñido de fantasmas y cadenas,
soy religión podrida y rey tronchado,
o un castillo feudal cuyas almenas
alzan tu nombre como un pan dorado.

Torres de sangre en campos de batalla,
olor a sol heroico y a metralla,
a espada de nación despavorida.

Se escuchan en mi ser lleno de muertos
y heridos, de cenizas y desiertos,
en donde un gran poeta se suicida.

PABLO DE ROKHA CHILE


lunes, 30 de enero de 2012

LOS SEIS NOMBRES DEL POETA.

Yo- que escribe el poema

Tú- que lee el poema

El- quien comenta el poema

Ella- quien suspira al poeta

Nosotros- quienes adoramos al poeta

Vosotros- a quienes no importa el poeta

Ellos- ni lectores, ni escritores, ni suspirantes, ni poema

Estos son los seis nombres del poeta.


TAREA:

Favor, detectar entonces, el sujeto y el predicado en este poema.


MIGUEL ANGEL RUBIO O.

domingo, 29 de enero de 2012

SONETO XVII

SONETO XVII

No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,

sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.


PABLO NERUDA. 

martes, 24 de enero de 2012

ESFINGE


“Feliz tú que no sabes

Quién teje la ilusión de tus tapices

Ni quién es la hilandera de tus días

Vendimiadora que da un vino triste”

Giovanni Quessep.

Tú, mitad humana

Mitad fuego.

Mitad palabra

Mitad arcano

Mitad herida

Mitad elíxir que cura.

Tu cuerpo, laberinto infinito

Cuyo hilo de Ariadna ocultas de mí

¿A dónde ha ido tu enigma?

¿Cuál adivinanza autoriza tu amor?

¿Quién será el mortal

Que recupere el juicio ante tus acertijos?

Así vivo yo, cual Edipo mendicante

Intentando descifrar el más profundo dilema

Nombre blanco

Escrito en la lengua de los pájaros.


MIGUEL ANGEL RUBIO

lunes, 23 de enero de 2012

UN RATON EN UNA GASOLINERIA.





¿Que decir sobre el oficio de escribir que no sea ya un lugar común?- un banco en el que se han sentado todos los poetas desde Homero hasta Jayyam o Silva ¿Qué extraño misterio entraña el arte de componer un solo poema?- ¿A dónde nos llevara ese inútil oficio de escribir y soñar Simbads en el mar, Ali Baba robando oro en la cueva sesamoidea?.Uno podría buscar en su mínimo conocimiento conceptual del mundo, una arista diminuta para explicar el mecanismo que activa la voluntad a escribir un poema. Diría por ejemplo, que este nace con el fervoroso deseo de aprehender alguien que se ha ido, ser amado que ha partido; también hay quienes escriben sobre observaciones, relatan pájaros que vuelan en dirección opuesta al sol, o la simple caída de una hoja en el lago; a mí personalmente me alteran cosas más sutiles; por ejemplo, el hecho de ver ratones en las gasolinerias, tras las migajas de quienes comen mientras tanquean su automóvil. Esta imagen absurda desde todo punto de vista, podría definir lo que es un poeta, medianamente, ya que definir el porqué de un verso o una composición poética, es empresa imposible.Pues bien, sin tener muy claro aún que es ser poeta, o a que campo de la economía aporta su diaria tarea, sin saber en qué universidad o academia otorgan títulos al respecto, confesare que siempre que enfrento el hecho poético, (el hecho de esbozar, solo sugerir que allí pueden estar las migajas) me siento indudablemente como un ratón en gasolineria. Al mundo no le interesan los poetas, estos son seres que se anidan de donde pueden, quieren subir gratis a cuanta cosa los lleve lejos de su tierra, y sin embargo empeñarían todos sus bienes, con tal de volver algún día. Al mundo no le sirven los poemas,¿ que es eso Indefinible, intocable, misterioso, altivo, que nos provoca un miedo aterrador? Al mundo no le importa la poesía, todos están muy ocupados en una estación de gasolina, comiéndose alguna golosina, mientras a sus pies, o bajo las llantas de su carro, un ratón se conforma con las migajas que caen al piso.

MIGUEL ANGEL RUBIO OSPINA.

miércoles, 18 de enero de 2012

CARTA DEL SUBCOMANDANTE MARCOS A EDUARDO GALEANO.



2 de mayo de 1995

Ejército Zapatista de Liberación Nacional México

2 de mayo de 1995

A: Eduardo Galeano.

Montevideo, Uruguay.

De: Subcomandante Insurgente Marcos

Montañas del Sureste Mexicano. Chiapas, México.

Señor Galeano:

Le escribo porque... porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Porque sí, pues.

También porque perdí el libro que me regaló y porque ese ratón cambista que suele ser el destino (?) ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte de su libro "Las palabras Andantes".

Porque dice así:

"¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?".

Ventana sobre la palabra (VIII), p.262.

Y entonces yo me he recostado para pensar y fumar. Es de madrugada y como almohada tengo un fusil (bueno, en realidad no es un fusil, es una carabina que fue de un policía hasta enero de 1994. Antes servía para matar indígenas, ahora sirve para que no los maten). Con las botas puestas y la pistola recostada a un lado, cerca de la mano, pienso y fumo. Afuera, alrededor de humo y pensamientos, mayo se engaña a sí mismo fingiendo que es junio y hay ahora una tormenta de lluvia, rayos y truenos que logró lo que parecía imposible: callar a los grillos.

Pero yo no estoy pensando en la lluvia, no estoy tratando de adivinar cuál de los relámpagos que está por rasguñar la tela de la noche será el de la muerte, ni siquiera me preocupa que el techito de nylon que cubre mi estancia es demasiado pequeño y se moja la orilla del camastro (¡Ah! Porque resulta que me hice una camita de ramas y horcones, amarrados con bejucos. Lo hice porque la uso de escritorio, bodega y, a veces, para dormir. En la hamaca no me acomodo o me acomodo demasiado, me quedo muy dormido y el sueño profundo es un lujo que, acá, se puede pagar muy caro. En la cama de varillas de palo se está lo suficientemente incómodo como para que el sueño sea apenas un pestañazo).

No, no me preocupan ni la noche, ni la lluvia, ni los truenos. Me preocupa eso de "¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?". El libro me lo mandó la Ana María, una indígena tzotzil que tiene el grado de mayor de infantería en nuestro ejército. Alguien se lo mandó a ella y ella me lo mandó a mí, sin saber que yo perdí un su libro de usted y este libro repone el libro perdido, que no es lo mismo pero tampoco es igual. El libro está lleno de dibujitos en tinta negra y yo creo que así deben ser los libros y las palabras: dibujitos que salen de la cabeza o la boca o las manos y que van y se ponen a bailar en el papel, cada que el libro se abre, y en el corazón cada que el libro se lee. El libro es el regalo más grande que el hombre se ha dado a sí mismo. Pero volvamos a su libro de usted que yo tengo ahora. Lo leí con un cabito de vela que cargaba en la mochila.

El último tramo de pabilo se fue con esa página 262 (¡capicúa!, ¿no? ¿una señal?). Y entonces me recordé la frase aquella de Perón que me mandó y luego mi torpe respuesta y, más después, el libro que me envió. Y aquí la pena de contarle que el libro lo dejé botado en la "graciosa huida" de febrero. Y entonces me llegan este libro y las letras sobre el saber callar. Y yo ya llevo varias noches dándole vueltas al asunto, aun antes de que me llegara el libro. Y me pregunto si no llegó la hora de callar, si no será que ya se pasó el momento y ya no es el lugar, si no es la hora de morir la boca...

Y le escribo esto en una madrugada de mayo, pasado ya el 30 de abril de 1995, que es el día del niño acá en México. Nosotros los niños mexicanos celebramos ese día, las más de las veces, a pesar de los adultos.

Por ejemplo, gracias al supremo gobierno, hoy muchos niños indígenas mexicanos celebran su día en la montaña, lejos de sus casa, en malas condiciones de higiene, sin fiesta y con la pobreza más grande: la de no tener un lugar donde recostar el hambre y la esperanza.

El supremo gobierno dice que no ha expulsado a estos niños de sus hogares, sólo ha metido a miles de soldados en sus terrenos. Con los soldados llegaron el trago, la prostitución, el robo, las torturas, los hostigamientos. Dice el supremo gobierno que los soldados vienen a "defender la soberanía nacional".

Los soldados del gobierno "defiende" a México de los mexicanos. Estos niños no han sido expulsados, dice el gobierno, y no tienen por qué sentirse espantados de tantos tanques de guerra, cañones, helicópteros, aviones y miles de soldados.

Tampoco tienen por qué asustarse, aunque esos soldados traigan órdenes de detener y matar a los papás de estos niños. No, estos niños no han sido expulsados de sus casa. Comparten el piso irregular de la montaña por el gusto de estar cerca de sus raíces, comparten la sarna y la desnutrición por el simple placer de rascarse y por lucir una figura esbelta.

Los hijos de los dueños del gobierno pasan su día en fiestas y regalos.

Los hijos de los zapatistas, dueños de nada como no sea su dignidad, pasan su día jugando a que son soldados que recuperan las tierras que les quitó el gobierno, juegan a que siembran la milpa, a que van por leña, a que se enferman y nadie los cura, a que tienen hambre y, en lugar de comida, se llenan la boca de canciones.

Por ejemplo, esa canción, que les gusta cantar en la noche, cuando más cerradas son la lluvia y la niebla, y que dice, más o menos así:

"Ya se mira el horizonte,

combatiente zapatista,

el camino marcará

a los que vienen atrás"

Y, por ejemplo, en el horizonte aparece, marcando el paso, el Heriberto. Y atrás del Heriberto, por ejemplo, va el hijito del Oscar que lo llaman Osmar.

Y van, los dos, armados de sus dos varitas que pasaron a llevar de un acahual cercano ("No son varitas", dice el Heriberto y asegura que se trata de poderosas armas que son capaces de destruir un nido de hormigas arrieras que está cerca del arroyo y que le picaron al Heriberto y hubo de tomar represalias).

Avanzan el Heriberto y el Osmar en columna. Y por el frente opuesto avanza la Eva, armada de un palo que tiene la ventaja de convertirse en muñeca cuando el ambiente es menos bélico.

Y detrás de la Eva viene la Chelita, que levanta sus casi dos años apenas unos centímetros del suelo y que tiene unos ojos de venado lampareado que ya desvelarán, alguna noche, al tal Heriberto o al que se deje herir por destello tan moreno. Y atrás de la Chelita va un chuchito (perrito) que de puro flaco parece una marimba diminuta.

Y a mí todo esto me lo están contando, pero como si lo estuviera viendo al Wellington frente a Napoleón en esa película que se llamó "Waterloo" y, creo, salía el Orson Wells y al Napoleón lo derrotaban por culpa de un dolor de panza.

Pero aquí no hay Orson que valga, ni flanqueos de infantería, ni apoyo de artillería, ni defensa en cuadro contra las cargas de los de a caballo, porque tanto el Heriberto como la Eva han decidido optar por el ataque frontal y sin escaramuzas ni tanteos previos.

Yo estoy a punto de opinar que eso parece batalla de sexos, pero ya se está lanzando el Heriberto sobre la Chelita, evitando la carga directa de la Eva que se ve, de pronto, frente a un Osmar que no la espera cara a cara,, ni de pie sino que está de lado y en cuclillas porque ahí no más le dieron ganas de cagar y la Eva proclama que el Osmar se cagó de miedo y el Osmar no dice nada porque ahora quiere montar el chuchito se le acercó a oler, y en el entretanto la Chelita se puso a llorar cuando vio venir al Heriberto y el Heriberto ahora no sabe qué hacer para que se calle la Chelita y le ofrece una piedrita de regalo ("Acaso es piedrita", dice el Heriberto que asegura que se trata de oro puro) y la Chelita nada que para su chilladera y yo estoy pensando que hasta que le dieron una sopa de su propio chocolate al Heriberto cuando llega la Eva, en maniobra que llaman de "voltear la posición enemiga", y le cae el Heriberto por la espalda (cuando Heriberto ya le está ofreciendo su arma antihormiga-arriera a la Chelita, la cual está considerando la oferta, entre chillido y chillido), y entonces, ¡pácatelas!, la muñeca-arma de la Eva llega en su cabeza del Heriberto y empieza la chilladera, (estereofónica, porque la Chelita se siente estimulada por los gritos del Heriberto y no se quiere quedar atrás), y hay sangre y ya viene la mamá de no sé quien, pero trae un cinturón en la mano y los dos ejércitos se desbandan y el campo de batalla queda desierto y en la enfermería declaran que el Heriberto tiene un chipote del tamaño de su nariz y que, como la Eva está intacta, ganaron la mujeres en esta batalla.

El Heriberto se queja de arbitraje parcial y prepara el contra-ataque pero no será hasta mañana porque ahorita hay que comer los frijoles que no llenan ni el plato ni la panza...

Y así pasaron el día del niño, dicen, los niños de un poblado que se llama Guadalupe Tepeyac. En la montaña lo pasaron, porque en su pueblo hay varios miles de soldados defendiendo "la soberanía nacional". Y dice el Heriberto que, cuando sea grande, va a ser chofer de un camioncito y piloto de avión no quiere ser porque, dice, si se le poncha la llanta del carrito, ahí nomás te bajas y te vas caminando, en cambio si se le poncha la llanta al avión no hay para donde hacerse.

Y yo me digo que cuando sea grande voy a ser uruguayo-argentino y escritor, en ese orden, y no crea usted que será fácil porque lo que es el mate, no lo puedo tragar.

Pero no era esto lo que yo quería contarle. Lo que yo quería era contarle un cuento para que usted lo cuente:

Me enseñó el Viejo Antonio que uno es tan grande como el enemigo que escoge para luchar, y que uno es tan pequeño como grande el miedo que se tenga. "Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño", me dijo el Viejo Antonio una tarde de mayo y lluvia, en esa hora en que reinan el tabaco y la palabra.

El gobierno le teme al pueblo de México, por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes.

Cuéntelo usted en algún escrito. Ponga que se lo contó el Viejo Antonio. Todos hemos tenido, alguna vez, un Viejo Antonio. Pero si usted no lo tuvo, yo le presto el mío por esta vez.

Cuente usted que los indígenas de sureste mexicano achican su miedo para hacerse grandes, y escogen enemigos descomunales para obligarse a crecer y ser mejores.

Esa es la idea, estoy seguro que usted encontrará mejores palabras para contarlo. Escoja usted una noche de lluvia, relámpagos y viento. Verá cómo el cuento sale así nomás, como un dibujito que se pone a bailar y a dar calor a los corazones que para eso son los bailes y los corazones.

Vale. Salud y un muñequito sonriente, como ésos con los que firma.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos

P.D. de advertencia policiaca. Es mi deber informarle que soy, para el supremo gobierno de México, un delincuente. Por lo tanto mi correspondencia puede ser implicatoria.

Le ruego que se grabe usted el contenido de la presente, es decir, la encomienda que suplica, y destrúyala inmediatamente. Si el papel fuera de chicle, le recomendaría que lo comiera y, masticando, se pusiera a hacer esas bombitas de chicle que tanto escandalizan a las buenas conciencias, y que demuestran la falta de urbanidad y educación de quien las hace.

Aunque hay algunos que las hacen con la esperanza de que una de las bombitas sea lo suficientemente grande como para llevarlo a uno de esa ruta luminosa que, allá arriba, se alarga... como se alargan el dolor y la esperanza sobre el cielo de nuestra América.

P.D. improbable. Salude usted de mi parte, si lo ve, al tal Benedetti. Dígale usted, por favor, que sus letras, puestas por mi boca en el oído de una mujer, arrancaron alguna vez un suspiro como esos que echan a andar a la humanidad entera.

Dígale también, que quién quita y lo de "Marcos" fue por "el cumpleaños de Juan Ángel".







PUEDO ESCRIBIR LOS VERSOS MAS TRISTES ESTA NOCHE.

El texto incluye un poema del líder guerrillero mexicano, con el pedido de que el músico lo transforme en una canción.



18 de octubre de 1996.
De: Subcomandante Insurgente Marcos. CCRI-CG del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Montañas del Sureste Mexicano, Chiapas.

México.


Don Sabina:

Yo sé que le parecerá extraño que le escriba, pero resulta que me duele la muela y, según acabo de leer, usted camina ahora por estas tierras que, mientras no acaben por venderlas también, siguen siendo mexicanas. Entonces pensé yo que, aprovechando que me duele la muela y que usted camina ahora bajo estos cielos, pudiera yo escribirle y saludarlo e invitarlo a echarse un "palomazo" con el Sup (a larga distancia, se entiende). ¿Qué dice usted? ¿Cómo? ¿Que qué tiene que ver el dolor de muelas con el "palomazo"? Bueno, tiene usted razón, debo explicarle entonces la muy extraña relación entre el dolor de muelas, el que usted camine por estas tierras, la larga distancia y una muchacha. No, no se sorprenda usted de que ahora haya aparecido una muchacha. Siempre aparece una, vos lo sabés Sabina.

Bien, resulta que cuando yo pasaba por esa etapa difícil en que uno descubre que ya no es más un niño y tampoco alcanza a ser un hombre (esa etapa, vos lo sabés Sabina, en que las féminas se transmutan de molestas a interesantes y hay que ver la de problemas que esto provoca), conocí a un viejo que, sin que se lo pidiera, decidió que tenía que darme un consejo sobre esos seres incomprensibles pero tan amables que eran, y son, las mujeres.

"Mira muchacho "me dijo", la vida de un hombre no es más que la búsqueda de una mujer. Fijate que digo `una mujer y no `cualquier mujer. Y por `una mujer, muchacho, me estoy refiriendo a una de `única. El problema está en que el hombre siempre queda con la duda de si la mujer que encontró, si es que encuentra alguna, es esa `una mujer que estaba buscando. Yo ya estoy viejo y he descubierto una fórmula infalible para saber si la mujer que uno encontró es la `una mujer que estaba uno buscando..." (...) El viejo carraspeó y me confió: "Si tu le dices a una mujer que te duele una muela y ella, en lugar de mandarte al dentista o darte un analgésico, te abraza y deja que recuestes la mejilla en sus pechos, entonces, muchacho, esa mujer es la `una mujer que andabas buscando...".

Yo me quedé perplejo, pero como quiera tomé nota de la fórmula. A mí nunca se me había ocurrido que debía pasarme la vida buscando una mujer (...). A mí se me ocurrían cosas más concretas y factibles, como ser bombero, conquistar el mundo o construir un avión que se controlara solo con el pensamiento. Respecto a las mujeres, yo me tenía en muy alta estima y estaba más propenso a que esa "una mujer" me encontrara a mí, que a buscarla yo.

(...) A mí ni se me ocurrió que la fórmula estuviera mal. Así que achaqué mis primeros fracasos a la falta de autenticidad en mi dolor de muelas. Con clips y palillos, después de una paciente labor de meses, logré picarme dos muelas con tanto éxito que tuve que acompañar la estrategia con una fuerte dosis de antibióticos. Repetí la fórmula, ahora con la confianza de saberme auténtico, y los resultados siguieron siendo magros.

Así hubiera seguido adelante, acabando con mis muelas, si no es porque, ya adolescente, encontré a otro viejo que, cruel, me dijo: "Tu problema está en la cara. Más bien en tu nariz. A los feos, las muchachas no les hacen caso, a menos que sean cantantes". "¿Cantantes?" Bueno, esta nueva fórmula les daría reposo a mis muelas (que por lo demás ya estaban definitivamente destrozadas)... Claro que el problema entonces era saber qué se necesitaba para ser cantante (...). Después, escuchando canciones, me di cuenta de que el problema era mayor, ya que una cosa era ser "cantante" y otra más difícil era ser "cantautor" o "canta-autor" (vos lo sabés Sabina). Entonces hice trampa, es decir, escribí algunos poemas (o como se llamara lo que escribía) y dejaba siempre pendiente la música.

(...)Resulta que (vos lo sabés, Sabina) hay ahora una muchacha que está demasiado lejos y entonces pensé que usted, Don Sabina, podría echarme una mano y una tonadita (mire que no es lo mismo pero pudiera ser igual). Y usted podría echarme una mano si me permitiera tutearlo y, cómplice como ha sido antes sin saberlo, fingiera usted que nos conocemos desde hace mucho tiempo y que, por tanto, es perfectamente natural que usted reciba una carta del Sup redactada en los siguientes términos: "Sabina (sí, ya sé que te desconcierta este inicial e irreverente tuteo, pero tú compórtate como si tal cosa): He trabajado arduamente en los últimos días en la letra que me encargaste para tu nueva canción (~­Vamos, quita ya esa cara de espanto! Ya sé que no me has encargado ninguna letra para ninguna canción, pero sígueme la corriente para despistar al enemigo) pero ha sido inútil. No me sale nada original.

Así las cosas, busqué en el cofre del pirata y solo encontré un viejo y mohoso poema, que no es tan viejo y tal vez ni a poema llegue, que te puede servir si le das un poco de aliño. Es ideal para ponerle música y escalar con velocidad el "hit parade" internacional (no me preguntes si para arriba o para abajo), pero tú ya sabes que a nosotros los artistas (sigue fingiendo demencia, no denotes la menor sorpresa) no nos importa la fama (bueno, no mucho).

En este caso particular, a mí solo me interesa una muchacha que está demasiado lejos para que pueda yo musitarle al oído este poema y arrancarle así, vos lo sabés Sabina, una sonrisa o una lágrima (...). El poema dice, más o menos, así: "Como si llegaran a buen puerto/ mis ansias,/ como si hubiera donde/ hacerse fuerte,/ como si hubiera por fin/ destino para mis pasos,/ como si encontrara/ mi verdad primera,/ como traerse al hoy/ cada mañana,/ como un suspiro/ profundo y quedo,/ como un dolor de muelas/ aliviado,/ como lo imposible/ por fin hecho,/ como si alguien/ de veras me quisiera,/ como si, al fin,/ un buen poema me saliera./ Llegar a ti." La tonadita puede ir más o menos así: tara-tarara-tararira-etcétera, vos lo sabés Sabina. El título de la canción podría ser "Canción para una muchacha que está demasiado lejos", o "Un dolor de muelas para ella", o "Un dolor de muelas, Sabina, la larga distancia, una muchacha y el Sup". En fin, ya se te ocurrirá algo. El crédito puede ser "Letra: el Sup. Música: Joaquín Sabina", o "Letra y música: Joaquín Sabina (a petición del Sup)" o como quieras.

Vale. Salud y ojalá ella entienda.

El Sup." Esa podría ser la carta que usted recibiera y aceptara, Don Sabina.

Y todo esto viene a cuento porque estaba yo solo, con mi dolor de muela y leyendo que usted camina por estas tierras. Entonces pensaba yo que usted, tal vez, estaría de buen humor y magnánimo y que podría contarle yo la historia de los dolores de muelas, mi frustrada carrera como cantautor y una muchacha que está demasiado lejos (...).

Vale. Salud y ya sabe usted, si le sobran por ahí un analgésico o una tonadita, no dude en mandármelos. Ambas cosas se agradecen en este asfixiado pecho que le escribe...

Desde las montañas del sureste mexicano.

México, octubre de 1996
Subcomandante Insurgente Marcos.


jueves, 29 de diciembre de 2011

ANTOLOGIA DE LA POESIA COLOMBIANA/GIOVANNI GÓMEZ


UNA PALABRA COMO CASA



Señor dame una palabra

que tenga la forma de un barco

un barco de velas inextinguibles

donde pueda ir a conocer el mar

Dame esta palabra por casa

por vestido por amante

deja que ella sea mi soledad

mi alimento y no pueda sobrevivirla



Aquí estoy tan vacío de formas

y silencio…



Toda mi inspiración semeja

el ruido de unas manos atadas

necesito un barco por cuerpo

y el amor por mar



Escúchame por estas alucinaciones

y la vastedad de las cosas que vuelven

a su lugar


GIOVANNI GOMEZ- PEREIRA/BOGOTÁ